Uno de los mayores peligros de la IA generativa actual es su tendencia a "alucinar": generar información falsa, fechas inexistentes o citas inventadas, pero presentadas con una redacción convincente y autoritaria. Esto ocurre porque los modelos predicen la siguiente palabra probable, no verifican la verdad fáctica.
Para combatir esto, se utiliza la técnica RAG, que obliga a la IA a consultar una base de datos de conocimiento confiable antes de responder. En lugar de confiar en su "memoria" de entrenamiento, el modelo busca la respuesta en documentos corporativos aprobados y cita la fuente, reduciendo drásticamente la invención de datos.
En aplicaciones críticas como la medicina o el derecho, la supervisión humana sigue siendo indispensable. Las alucinaciones pueden ser sutiles y difíciles de detectar automáticamente. Implementar flujos de trabajo donde un experto valide las sugerencias de la IA es la única barrera segura contra errores costosos.