El cambio climático es el desafío más urgente de nuestro tiempo, y la Inteligencia Artificial se está convirtiendo en una aliada poderosa en esta lucha. Desde la optimización de recursos hasta la modelización climática avanzada, la IA ofrece herramientas para reducir emisiones y adaptarnos a un planeta en calentamiento.
La integración de energías renovables intermitentes como la solar y eólica requiere redes eléctricas inteligentes. La IA predice la demanda y la generación de energía con alta precisión, equilibrando la carga en tiempo real para maximizar el uso de energía limpia y minimizar la dependencia de combustibles fósiles de respaldo.
Analizando imágenes satelitales, la IA puede rastrear la deforestación, medir niveles de emisiones de metano o monitorear la salud de los océanos en tiempo real y a escala global. Esta información es vital para que gobiernos y ONGs tomen medidas rápidas contra actividades ilegales y evalúen la efectividad de las políticas ambientales.
La IA acelera la investigación en ciencia de materiales. Se utiliza para descubrir nuevas estructuras químicas capaces de capturar CO2 de la atmósfera de manera más eficiente o para diseñar baterías de próxima generación que almacenen energía de forma más sostenible. Lo que antes tomaba años de ensayo y error en laboratorio, ahora se simula digitalmente en semanas.